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Acecho
Ellos mordían la carne
saboreaban el manjar.
Ellos tenían garras.
Eran hirientes
dorados
impuros
salvajes siluetas sin sombra
preñados en el rasguño del rosal
y el paraíso.
Ellos eran majestuosos
ojos de nácar
pelo blondo
ladrones de sangre acomodados en la calma del miedo
rastreando inocencia
espectros del mal.
Ellos atacaban la casa
despojaban la gloria con lenguas ásperas
mandíbulas con rugidos
encías sucias de presas.
Ellos arrasaban con la leche, la miel, la sal, la virgen y el rosario
devastaban el racimo de luz
el espinazo del recuerdo
la marioneta de la niñez
la estirpe de la fe.
Ellos siempre acechaban
aniquilaron.
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